El gran maoísta del rock de los setenta es desde hace lustros uno de los músicos más honrados por el ala iconoclasta del pop. A finales de los sesenta, Wyatt llevó la idiosincrasia del jazz al rock con Soft Machine, para después dotar de una inusitada fragilidad —gracias a su inconfundible voz— a sus propias canciones y a las de otros, fuesen Pablo Milanés, Chic o Costello.
Un doble recopilatorio se convierte en guía para descubrir ese legado; el primer disco indaga en su discografía, que acaba en 2007; el segundo selecciona algunas de sus muchas colaboraciones (Björk, Hot Chip, Anja Garbarek).



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